CLT ACTIVIDADES 2 Y 3
He pensado en varios textos para un grupo mixto de 25 alumnos, de entre 17 y 18 años, que cursan 2º de Bachillerato en la modalidad de Ciencias y Tecnología. El ambiente en el aula es bueno, son muy buenos estudiantes y muestran gran predisposición por llevar a cabo las actividades que los docentes plantean. No obstante, son absolutamente lógicos y sistemáticos, de modo que creo que este primer texto, una columna periodística acerca de la razón y los sentimientos, podría dar mucho juego.
La guillotina, de Manuel Vicent
Un pensamiento puro podría ser el que emite el cerebro cuando la guillotina o el hacha del verdugo acaba de cortar el cuello de la víctima y su cabeza rueda dentro de un cesto. Se supone que el impulso de la sangre mueve todavía la red nerviosa de las neuronas durante un par de segundos, tiempo suficiente para que el cerebro libere de forma automática la descarga de un pensamiento puro, sin adherencias de los sentidos que se deriven del resto del cuerpo. Tal vez a este mecanismo cerebral se refería Descartes cuando consagró el principio filosófico para resolver la duda metódica sobre la existencia: pienso, luego existo. Dentro de la cabeza del Bautista, que le fue ofrecida a Herodes en una bandeja de plata, probablemente bailaría Salomé todavía la danza de los siete velos; el conjunto de juicios que formularon en el interior de la canasta ensangrentada los cerebros de Luis XVI y María Antonieta, de Danton y Robespierre, y de 16.800 decapitados más, resultaría ser la cosecha esencial de la Revolución Francesa; el cerebro del propio doctor Guillot, el inventor de la guillotina, condenado a probar su propio invento, sin duda quedó deslumbrado por la ironía; el fantasma de Ana Bolena aún se pasea con la cabeza bajo el brazo por los sótanos de la Torre de Londres para gusto de los turistas y Tomás Moro con la cabeza separada del tronco encontró dentro del cesto la Utopía, el tratado por el que pasó a la historia. A estos decapitados insignes le acompaña una saga innumerable de criminales y bandidos infames, de gente subalterna sin atributos, la mayoría inocente, que ha caído bajo el hacha del verdugo o la cuchilla del doctor Guillot. Sus pensamientos dentro del cesto constituyen el último relámpago de la filosofía: el terror ante la nada, el destino inexorable, la culpa en la nuca a merced del cuchillo, el odio o el perdón y al final una luz blanca sin sentido que deslumbra y se apaga de repente. Pero ese último pensamiento no sería posible sin el impulso postrero del corazón. La razón necesita alimentarse con latidos de sangre. No se puede pensar sin sentimientos. De hecho, si la cabeza del decapitado fuera también capaz de llorar dentro del cesto, habría que replantearse la duda metódica: ¿Qué sería más profundo, su pensamiento o sus lágrimas?
Por otro lado, me parece muy apropiado este segundo texto, de nuevo, UNA columna de opinión, aunque esta vez trata la introducción de la tecnología en el arbitraje. No obstante, no es un texto únicamente futbolístico, y es que además realiza un análisis sociológico. Me parece muy adecuado, ya que, si bien se escribió en 2010, la incorporación del VAR (un sistema de videoarbitraje) es relativamente reciente, de modo que es un tema de absoluta actualidad. Además, durante las prácticas he podido observar que, quizás debido al mundial de Qatar, los alumnos pasan mucho tiempo hablando de fútbol. En este sentido, me parece un contenido que seguro les resultaría de gran interés.
El árbitro, de Manuel Vicent
Se ha dicho que el partido de fútbol ideal es aquel que se gana con un penalti injusto fuera del tiempo reglamentario. El error constituye la esencia de este deporte, generalmente aburrido, que utiliza la mayor parte de los noventa minutos de juego en un insulso peloteo en medio del campo, carente de emoción. Solo el error clamoroso del árbitro es capaz de encender el fuego en las gradas, que al día siguiente llenará de disputas, de burlas y de gritos las oficinas y las barras de los bares. Aparte de esto, es el único deporte que muestra ante el público el vigor de un veredicto inapelable. En la vida ordinaria cualquier acción ante la justicia tiene posibilidad de recurso. El delito tiene mil formas de escabullirse o de aplazar la sentencia y el agravio puede tardar años en ser reparado. Solo en el fútbol sucede un hecho ejemplar. A estos futbolistas de élite, divos multimillonarios con novias espectaculares, con escudería de ferraris y maseratis, miles de fanáticos que les piden autógrafos y niñas adolescentes que se arañan el rostro al verlos de cerca y se agolpan para arrancarles los botones y llevárselos de recuerdo, he aquí que un árbitro, ante una simple protesta, les muestra la tarjeta roja, les manda a la caseta y ellos agachan la cabeza y obedecen. Solo en el fútbol sucede que el acta redactada por el árbitro, en general, sea la primera y última instancia acatada por las autoridades deportivas. De otro lado, el árbitro concierta todas las iras del público y asume los insultos, blasfemias y desplantes que el subordinado no puede lanzar contra su jefe en la oficina o en la fábrica. Cuantos más errores cometa el árbitro más limpios y purificados por dentro salen del campo los espectadores al final del partido. Me gustaban más los árbitros cuando vestían de negro. Ese atuendo era más acorde con el efecto expiatorio que tienen atribuido por la sociedad. Hay partidarios de introducir la tecnología en el terreno de juego, pero si el fútbol es un deporte todavía excitante se debe al elemento irracional que introduce el árbitro con esa sensación de que su error en el penalti puede desencadenar un cataclismo en el universo. No hay nada más ejemplar que esta justicia expeditiva: error, tarjeta roja y a la calle. Atrévase usted a hacer eso con su jefe.
Por último, en cuanto al texto oral, se me ha ocurrido trabajar un programa de Redes, de Eduardo Punset, concretamente el de Neurobiología: La adolescencia nos hizo humanos.
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